Toda terapia, antes de trazar un plan, comienza por ayudar al sujeto en conflicto, a poner fin al grado de sufrimiento que pueda padecer.

Posteriormente -una vez restablecido el equilibrio emocional- el Terapeuta Transpersonal guía en el proceso de apertura de sus dimensiones interiores y, para ello, el plan terapéutico puede desarrollarse en tres fases:

1-Primera fase:

Entrenar al sujeto a observar todos los matices posibles de su propio conflicto. Es decir, incrementar el autoconocimiento, mediante la conciencia de sus patrones mentales y emocionales, así como de todos los elementos implicados en la esfera de su propio sufrimiento.

A partir de este punto, el sujeto comienza a ser capaz de protegerse y aprovechar el inmenso caudal de oportunidad que su dolor ofrece.

2-Segunda fase:

Aprender a nombrar sus diferentes partes internas y proceder a reinventar nuevos patrones de pensamiento de los que se derivará su vida futura.

En esta fase, el sujeto aprende a elegir lo que quiere vivir y experimentar, constatando que todo lo que sucede en su mente se debe a un proceso íntimo de interpretación de la realidad. A partir de este punto, el sujeto abre un nuevo horizonte vital en cuya construcción ya puede intervenir y optar.

3-Tercera fase:

Construir el puente entre la parte psicológica de su mente, y el nivel transpersonal o identidad esencial.El sujeto se reconocer como Ser Espiritual que se manifiesta en la Conciencia Testigo.

Desde este nivel, intuye la finalidad de su vida, y el propósito de su propio devenir, de manera que los acontecimientos venideros se perciben como experiencias de aprendizaje hacia el despertar definitivo a la Conciencia de Unidad.

Lo transpersonal es otra forma de definir lo espiritual, pero recordando que la espiritualidad y la religión no son la misma cosa. Lo espiritual trasciende las creencias o credos ideológicos de carácter mental, y se manifiesta mediante una íntima experiencia de totalización y unidad.

En la Terapia Transpersonal, el protagonista sanador es la consciencia, ya que el hecho de ser plenamente consciente de algo, supone automáticamente transformarlo, sin esfuerzos de parte del consultante.

Esta terapia desarrolla cualidades tales como el desapego, o facultad de distanciarnos de nosotros mismos y observarnos, la conciencia de Unidad con la Fuente – de que Todos somos Uno- y el Amor Incondicional a todos los seres.

Transcurrida la primera fase terapéutica, el sujeto, ha aprendido a observar y examinar su modelo mental, y aquella persona que anteriormente sufría, ha aprendido a vivir en los escenarios problemáticos, sin mayor perturbación. Un ser humano que, en medio del problema, ya no echa la culpa a nada, ni a nadie, sino que mira el discurrir de su propia mente. Un ser humano que ha ensanchado su horizonte interior e incrementado su capacidad de ser feliz., aprendiendo a ver más allá de lo aparente,observando el mundo desde otra perspectiva: con Ojos de Dios.

 

 

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